Yndoria

EN EL SUR...

Blaze es un joven de 19 años que ha vivido 17 de ellos en esclavitud. Tomado el sur por los devastanos, él y sus amigos Lukas, Axel y Brianna se han convertido en avezados e ingeniosos supervivientes que alimentan su esperanza con sueños de libertad... y con comida ajena. Dueño de un curioso don con el fuego que ni él mismo sabe explicar, Blaze no se resigna a vivir entre cadenas, aunque eso pase por tomar parte en aquello que siempre ha repudiado y arrastrar consigo a los que más quiere: sus amigos... y la chica. Una chica a la que empieza a ver de otro modo tras una estrambótica petición.

EN EL NORTE...

Nazam llega a la academia elementalista de Dogma tras la caída de la de Lonoa, totalmente inesperada. Solo le falta una prueba para ser un soldado elemental con todas las de la ley, pero para afrontarla necesita un compañero de confianza y eso es, precisamente lo que menos genera su presencia allí. Arrancado de los complejos devastanos cuando solo era un niño, Nazam ya destacaba como soldado enemigo y ahora solo Axan, otro alumno, parece dispuesto a ayudarlo. Pero las intenciones del descarado joven parecen ir más allá del dominio elemental y su actitud logra exasperarlo tanto como atraerlo.

Dos historias a sendos lados del Ynodria, un legendario puente colgante, obra de dioses y titanes, convertido en símbolo de libertad.

 

DAMATIO

El Norte ha sido siempre la gran esperanza para Blaze y sus amigos. Llegar hasta la academia de Zundrak, tal y como le indicaran los elementalistas en el Sur, se presume vital para enfrentarse a Urian con plenas garantías. Pero cuando Nazam se cruza en su camino, alcanzar la academia de Ymparta se transforma en una tentación, tanto o más apremiante. Allí puede encontrarse Liam, su hermano.

 

Las leyendas discurren convertidas en susurros en sus niveles inferiores y no solo hablan de los diluvianos, sino de los zyklos, las primeras creaciones de los dioses, seres imperfectos de cuya existencia se arrepintieron. Lo que a ellos respecta es todo un misterio y las respuestas pueden alzarse allí donde ya no queda nada.

 

Amistad, fraternidad, amor. Todo cuanto aún perdura puede tener las horas contadas. Es la hora de enfrentarse al mundo.

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